One Flew Over the Cuckoo's Nest: Atrapados sin salida

La locura es uno de esos temas de los que nunca se puede llegar a un consenso objetivo pues hay tantas personalidades como arena en el mar. Pero en su afán por establecer y controlar los patrones de conducta “adecuados” en una sociedad, los profesionales de la salud mental se han dedicado a manipular experimentar métodos inhumanos con sus pacientes durante los últimos siglos, al punto de causarles desastrosos daños físicos y emocionales que terminan empeorando su calidad de vida.
En One Flew Over the Cuckoo’s Nest (1975) nuestro protagonista experimenta algo similar. R.P. McMurphy (Jack Nicholson) es un convicto al que recién trasladan a un hospital psiquiátrico en el estado de Oregon para hacerle una evaluación psicológica con la que espera escabullirse del trabajo forzado que le aguarda en lo que cumple su sentencia. McMurphy llega con la ilusa idea de que va a vacacionar al hospital hasta que conoce a la jefa de las enfermeras, Mildred Ratched (Louise Fletcher), con la que no tarda en tener discrepancias desde el principio.
Sucede que la enfermera Ratched ya tenía controlados a sus pacientes gracias a su actitud estricta y autoritaria, en las que la rutina, la monotonía y la humillación son la orden del día para mantenerlos sumisos y ensimismados, y por ende, subyugados. Pero con la llegada del escandaloso y vivaracho McMurphy, todo el orden se viene al suelo, pues desde que pisa el lugar no hace otra cosa que motivar a sus compañeros a disfrutarse la vida y pasarla bien dentro de su circunstancia.
Aunque al principio los pacientes están reacios a desenvolverse fuera de las rigurosas reglas de la enfermera, poco a poco van desprendiéndose del cordón umbilical que los ata a sus normas y comienzan a apreciar la personalidad de McMurphy, aunque con cierto temor a emularla. Y es que el verdadero problema de la mayoría de ellos no es una enfermedad mental, sino una pobre actitud hacia la vida en general.
Sintiendo aires de insurrección, Ratched fuerza el caos entre McMurphy y sus compañeros, primero racionando los cigarrillos y luego permitiendo una acalorada discusión en una de sus infames “sesiones de humillación”, donde él y otros dos terminan recibiendo terapias de electroshock. Esto, lejos de desmotivar a nuestro protagonista, lo impulsa a continuar buscando la forma de huir del terrible lugar, mientras incita a los demás pacientes a que hagan lo mismo.
A pesar de que a leguas su plan de escape parecía perfecto, las consecuencias fueron devastadoras debido a la dureza con la que la enfermera trató a uno de sus pacientes la mañana siguiente. Es aquí donde, además de detestarla con todo nuestro ser, podemos observar el gran poder de manipulación que ésta ejerce ante los suyos, sobre todo hacia los más débiles. Pero los incansables esfuerzos de McMurphy de alentar a sus compañeros a huir no fueron del todo en vano y el desenlace termina siendo uno de los más hermosos y emotivos del cine americano.
La película es un clásico universal y no es para menos, la historia y las actuaciones son brillantes, en especial las de Jack Nicholson y Louis Fletcher. Y es que ambos representan a la perfección sus roles, él como amante de la libertad que no teme sucumbir ante sus instintos naturales, y ella como represora de toda acción que no se piense mediante un proceso racional y concienzudo. Si todavía no la has visto, hazte un favor y vela enseguida.
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Devoradora incurable de detalles irrelevantes.
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